Os pongo en situación. Una mujer, encima de lo que queda de su casa, siendo arrollada por una cascada de agua, fruto de las inundaciones de Brasil. Y la mujer, en vez de intentar salvarse ella misma, como sin duda hubiese hecho el egoísta que os escribe, coge a su perro y se agarra a una cuerda que han lanzado sus vecinos para salvarse. Hay milesimas de segundo en los que parece que va a caer por sujetar a su perro. Su amado perro. Finalmente, éste muere arroyado por el agua, ante la mirada de su dueña, que intenta salvarse. Pero no es el final de la historia lo que me importa. El ser humano es, definitivamente, increíble. Y, ¿sabes qué es lo que más me gusta de él? Como se adapta a las circunstancias. No lo se, pero seguramente ese perro era lo único que le quedaba a esa mujer. Quizás lo utilizó, sí. Lo utilizó para que le diese lo que nadie le podía dar. Compañía. Le ayudó a salir de la soledad. Lo que más me impresiona del ser humano es cómo intenta sobrevivir en esta jungla que es el mundo. Una jungla con partes bonitas y feas. Para mi, mayoritariamente feas. Pero de eso nos ocuparemos otro día. La soledad, maldita soledad. Aunque he de decir, que tras tres días que llevo sin poder hablar...empiezo a cogerle gustillo a esto de la soledad.